Erick
Nunca imaginé que un viaje al parque pudiera sentirse tan largo. La distancia desde el laboratorio de Kaia en Ravenholdt no era mucha, pero mi mente estaba llena de tantos pensamientos que cada semáforo en rojo se sentía como una prueba de paciencia. Mis manos se apretaron alrededor del volante más de una vez—no por enojo, sino por un nerviosismo que se iba infiltrando poco a poco, imposible de contener.
En el asiento del pasajero, un ramo descansaba cuidadosamente. Las flores favoritas d