Con mi libro y mis auriculares como armadura, el resto del vuelo transcurre sin incidentes. Aunque atrapo a Tyler coqueteando con todas las personas con falda que pasan por el pasillo. Ninguno de ellos parece inmune a sus encantos, ni siquiera la mujer de ochenta y tantos años que se apoya en su bastón y se sonroja como una colegiala cuando se somete a toda la potencia de la sonrisa de Tyler.
No es de extrañar que Zora piense que es una causa perdida. Este chico coquetea con tanta naturalidad c