Oh Dios.
—¿Jenn?— Millie todavía está a mi lado, sin tener idea de lo que está pasando. —¿Qué ocurre? Parece que acabas de ver un fantasma.
Lo hice, está bien. El fantasma de mi antiguo yo. Pero no es así como se supone que debe ser mi confesión.
—Yo... tengo que... Lo siento—, espeto, apartándome.
Cruzo corriendo la habitación hacia Austin, con el pánico palpitando en mis venas.
—Oye—, los saludo a él y a la mujer elegante. El tono de mi voz es demasiado alto. —¿Qué pasa?
—Kim, ella es