Treinta minutos más tarde, salgo de un vestidor con aroma a lavanda con una coqueta falda de tenis y un polo sin mangas que le he prestado a Piper.
―Te ves muy bien―, me tranquiliza.
―Parezco como si acabara de salir de una película de Wes Anderson―, digo, mirando alrededor del club inmaculado.
Tyler está esperando junto a la cancha en impecables tenis blancos.
―Antigüedades… Tenis… Galas benéficas, ― le digo, ―¿Vamos a jugar bingo de ricos? ¿Qué sigue, un pequeño paseo en tu yate?
―Si juegas