Emma cerró los ojos con fuerza, respirando profundamente. Podía sentir su cuerpo temblando, sus músculos retorciéndose de forma violenta. La transformación estaba ocurriendo, y no había nada que pudiera detenerla.
Su piel se estiró y sus brazos y piernas se alargaron. El vello corporal creció a una velocidad alarmante, y sus dientes se hicieron más grandes y afilados. Unos segundos después, Emma se había convertido en una mujer lobo de enorme tamaño y aspecto feroz.
Cuando abrió los ojos, tenía