202: El Perdón de Eduardo.
El diario de Victoria había cambiado todo.
Las palabras de su madre, escritas con tinta desvaída y el corazón desgarrado, habían sacudido los cimientos de nuestra familia. William había pasado toda la noche leyendo y releyendo cada página, como si pudiera encontrar en esas palabras la respuesta a todas sus preguntas, el consuelo para todas sus heridas.
Y cuando el sol comenzó a teñir el horizonte de rosa y oro, tomó una decisión.
—Tengo que ver a Eduardo —dijo, con la voz firme pero temblorosa—