Cuando Sara me llamó por mi nombre en el lobby del hotel, encendió algo en mi interior que no sabía ni que existía.
Necesitaba que lo dijera, escuchar que era yo a quien deseaba. Solo saber que ella era mía y solo mía.
—Quiero estar dentro de ti, Sara. —susurré en su oreja. Su respiración se detuvo y un profundo gemido emanó de sus labios—. ¿Es eso lo que quieres?
—Sí —gimoteó suavemente, rogándome mientras sus caderas subían para buscarme—. Por favor.
Sentí que mi miembr'o se movía ne