—¡Sandy! ¡Sandy! —Ema gritó mientras se acercaba a su estación. Se estaba quedando sin tiempo.
Sandy le había enseñado a Ema su escritorio, pero ahora no recordaba exactamente dónde estaba, además le dolía el tobillo.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas mi nombre y distraes a todos de su trabajo?
—Oh, Sandy, por favor, ayúdame. Voy a perder mi trabajo si no vuelvo con el documento —suplicó Ema cuando por fin se encontraron.
—¿Qué documento?
—Eso fue lo que le pregunté también pero... de todos modos,