Alexei
Una sola cosa ocupaba mi mente: borrar la imagen de Anashia y su nueva familia lo más rápido posible. Ella ya se había olvidado de mí, y no la culpaba. ¿Cómo podría seguir amando a un hombre con tantos problemas y prejuicios? Decidí seguir adelante y tratar de olvidarla, como había resuelto hace una semana.
Terminé mi trabajo rutinario y llegué a casa. No encontré a nadie más que a mi hija en el salón, bailando ballet. Al verme, apagó la música y se acercó para darme un beso.
—Hola, papi