Capítulo 35
Los ojos de Iris estaban cargados de una ira asesina. Su enojo iba más allá de la trampa que Vicente había utilizado para alejarla… lo que sentía era celos, celos profundos que le carcomían el alma.
No tenía a nadie. Iris era huérfana, hija de dos lobos adinerados que murieron en un trágico accidente. Fue el padre de Amelia quien, por cariño a sus viejos amigos, decidió hacerse cargo de ella.
Desde niña había escuchado que el destino de Amelia era la gloria: convertirse en la esposa