Cuando Luciana abrió sus ojos, vio la enorme sonrisa de Santiago que tenía su mirada en ella.
—Muy buenos días esposa mía — le dijo con todo el amor del mundo y la felicidad a punto de estallarle en el pecho.
—Buenos días mi amor — respondió aún adormilada, pero con una gran sonrisa.
—Estoy tan feliz de que seas mi esposa, gracias por haber llegado a mi vida. — Luciana lo abrazó y lo pegó a ella.
—Te amo — Santiago estaba encantado con su esposa, por lo que no dudó un segundo en besar y así