Luciana sintió besos en el rostro y no pudo evitar sonreír, el olor de la colonia de su marido llegó hasta ella, por lo que estiró sus brazos y aún con los ojos cerrados lo abrazó aún medio dormida.
—Buenos días, mi bella durmiente, aunque me encantaría quedarme hoy contigo en cama — le dijo con un ronco susurro en el oído de ella.
—Buenos días, claro que puedes — su voz salió ronca debido a que aún no despertaba del todo — Eres el dueño — Santiago sonrió al oírla.
—¿Qué has hecho con mi muj