POV Lola
La mansión De Rossi respira. Pero no siempre a mi favor.
Durante el día, suena a risas infantiles que rebotan en los techos altos, al tintineo de biberones contra la encimera, al zumbido constante del mar entrando por los ventanales abiertos. Los niños gatean por las alfombras, dejan huellas de talco en el mármol, y Alessandro los sigue como un abuelo obsesionado, riendo cuando Lorenzo tira un juguete o cuando Loretta balbucea algo que suena a “papà”. Es caos luminoso. Es vida.
Por las