9. Un segundo infierno

Nunca antes había visto a Ronalda tan pálida como en estos momentos, porque siempre la creyó una mujer por caracterizarse ajena a los miedos o al terror del mundo. Mantener la cabeza fría se lo debe a ésta mujer enfrente suyo que sólo observa las noticias como si el mundo se hubiese acabado, como si se estuviera acabando.

No sólo la palidez inunda a Ronalda porque antes de mencionar algo más, Clara da unos pasos mientras todavía el nombre de Virginia está plasmado en su mente.

—Ronalda, explí
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Francis Solanoy el esposo?? por qué no llamó? ese Ryan es muy lento
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