9. Un segundo infierno
Nunca antes había visto a Ronalda tan pálida como en estos momentos, porque siempre la creyó una mujer por caracterizarse ajena a los miedos o al terror del mundo. Mantener la cabeza fría se lo debe a ésta mujer enfrente suyo que sólo observa las noticias como si el mundo se hubiese acabado, como si se estuviera acabando.
No sólo la palidez inunda a Ronalda porque antes de mencionar algo más, Clara da unos pasos mientras todavía el nombre de Virginia está plasmado en su mente.
—Ronalda, explí