Capítulo 25: Ni siquiera puedo follarme a otra
Cassian levantó la mirada, y su voz salió baja, fría y peligrosamente calmada.
—Quédate donde estás.
Meredith sonrió triunfante por un segundo, convencida de que por fin lo tenía de nuevo. Pero Cassian no se movió de la silla. Solo la observó con esa intensidad oscura que siempre la volvía loca. Sus ojos parecían devorarla, pero no había calor en ellos… solo un control absoluto e implacable.
—Sigue tocándote —ordenó —. No pares. Y no te corras hasta