Capítulo 116: ¡Saqué un diez en matemáticas!
Al día siguiente, en un edificio de cristal y acero en el centro de Londres, Alan Russo estaba solo en su despacho. Cabello rubio perfectamente peinado, ojos azules fríos, camisa blanca con la corbata aflojada. En sus cuarentas, pero el cuerpo de quien entrena antes del amanecer.
El teléfono sonó sobre el escritorio.
—Angelo —contestó sin preámbulos.
—Hermano, ¿cuándo vas a parar? Sabes manejar una empresa mejor que nadie, pero William necesita a su