Penélope
"Me retiro entonces," dije, "te veré en el almuerzo a menos que creas que almorzar es otra forma de pecado."
Me guiñó el ojo al salir de la oficina. Ese único gesto fue suficiente para hacerme anhelar su toque.
¡Miguel Ramírez sabía exactamente lo que me estaba haciendo!
Conocía el efecto que tenía en mí, y quizás en todas las mujeres que conocía, y aun así disfrutaba torturándome, sabiendo perfectamente que estaba a punto de hacer un voto de estricta castidad de por vida.
Busqué mi ro