Penélope
Estaba frío y distante.
Lo había sentido cuando se marchó esa mañana, y ahora que había venido a mi oficina a hablar de Lillian y su hijo. Sentí casi celos porque parecía como si le importara más Lillian que yo. Lo vi en sus ojos — la calidez y la pasión con la que hablaba de ellos. Pero conmigo de repente estaba frío y distante.
¿Era por lo de ayer?
Salté de mi silla, incapaz de concentrarme en los documentos esparcidos por todo mi escritorio.
Miré hacia la ventana y me pregunté si al