Subimos a la limusina y llevé a mi esposa al muelle donde está la primera sorpresa de la noche— ¡pensé que no tendría luna de miel!
—ja, ja, ja, por supuesto que tendremos… Es más, estaremos los próximos tres meses de viaje —¿estás loco? ¡Tengo trabajo que hacer!
—traje tus equipos, así que no tienes nada de que preocuparte, pero solo te dejaré trabajar un par de horas al día y eso será para el segundo mes porque quiero tenerte treinta días para mí solo.
—ja, ja, ja, pasarás toda una vida conmi