Nueva York, Brooklyn, marzo 2022.
Vivian
—¡Vivian!
Mi corazón saltó como loco, no, no puedo, no quiero escucharlo.
Solté a Adrian y troté con prisa hacia el elevador.
—¡Vivian, espera!
Pulsé el llamado del elevador, vamos, maldición, ábrete.
En cuanto se abrió me escurrí en él y pulsé para que se cerrara, pude ver lo cerca que estaba Edward de alcanzarme, empujando a un Adriana tonito.
—¡Ciérrate maldita sea!
Las puertas comenzaron a cerrarse.
Apenas un leve sentimiento de alivio me cruzó de p