24-El gran amor de mi vida.
Rómulo se echó a reír, tenía que reconocer que la mujer tenia agallas, se mordió su labio inferior y le soltó el cuello para agarrarle un seno, a esas alturas del partido ya andaba duro como una piedra y Fátima no dejaba de tocarlo.
—¿Y de qué o para qué me serviría tu servicio? Ya tengo a Gerónimo de mi lado, ¿para qué quiero más?
—Porque supongo que quieres quedarte con la hacienda, para eso querías casarte con la mosquita muerta ¿verdad?
Rómulo la recostó contra el buró, le abrió las piernas