De fondo, la música cambió, indicando que nuestro primer baile había llegado a su fin, pero los dos continuamos agarrados mientras comenzaba la siguiente canción. Desde fuera, podríamos haber parecido una pareja de recién casados, incapaces de quitarse las manos de encima
La realidad no podría estar más lejos de la verdad.
—¿Qué hiciste?—, gruñí, con la rabia a flor de piel. —¿Además de ser parte de la familia que he pasado la vida despreciando? ¿Qué tal si le rompes el corazón a mi mejor amiga