—¿Quién crees que me envió a buscarte?— dijo, levantando la mano para hacerle señas a una camarera. —Solo no le digas que te encontré en un maldito club de sexo, me tendrá en las pelotas si cree que estaba viendo a una puta masturbándose—.
Solté un bufido. No se equivocaba. Riley era tan posesivo con Kai como Kai lo era con ella, pero habían ido al infierno y habían vuelto para llegar a donde estaban ahora. Nunca pensé que vería el día en que mi despiadada prima fuera azotada, pero la vida tení