Ángela yace dormida, sumida en un sueño profundo. De repente, siente besos suaves en su cuello y caricias cálidas en sus piernas. Su corazón comienza a latir más rápido mientras abre los ojos, intentando distinguir la figura que se encuentra junto a ella.
La oscuridad de la habitación no le permite ver con claridad, pero el cabello rubio y la fragancia familiar le revelan la identidad del misterioso visitante. Es Nikolai.
— Nikolai — susurra Ángela.
— ¿Cómo estuviste? ¿Cómo te sentiste toda la