capitulo 41

La noche era fría y silenciosa en la mansión. Las luces suaves del comedor iluminaban a Felipe y Dana, quienes estaban sentados frente a frente en la mesa. El ambiente parecía tranquilo, pero había una tensión latente que ninguno de los dos mencionaba. Cada uno tenía pensamientos ocultos, secretos que pesaban como una sombra entre ellos.

Dana sostenía una copa de vino en la mano, su rostro sereno y su sonrisa impecable. Felipe, por su parte, la observaba con una mezcla de desconfianza

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