La noticia de la firma de los contratos con los cuatro magnates se esparció por la empresa como un reguero de pólvora. Dana había logrado lo que muchos consideraban imposible, y eso no solo la colocó en el centro de atención, sino que también desató una serie de reacciones entre sus compañeros. Mientras algunos la aclamaban como una heroína, otros la miraban con envidia y desdén.
El ambiente en la sala de descanso era tenso. Un grupo de empleadas se había reunido alrededor de la máquina de café