Me senté y miré el cuerpo destrozado de Ana, sintiendo el pánico apoderarse de mí. ¿Cómo carajo iba a deshacerme de él? Me levanté de golpe, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado, tratando de encontrar una solución. Pero lo único que se me ocurría era enterrarla en el jardín, aunque una pregunta rondaba en mi mente, taladrando muy profundo: ¿cómo carajo lo iba a hacer?
Me rasqué la cabeza, desesperada. Si no me deshacía de su cuerpo, iba a terminar en la cárcel y jamás podría vol