Mundo ficciónIniciar sesiónLa carta llegó una mañana en que el Nilo olía a lodo fresco y a promesas de inundación.
Satiah la depositó sobre la mesa sin pronunciar palabra, con la economía de gestos de quien sabe que ciertas noticias requieren silencio antes de ser digeridas. El sello de cera roja llevaba la marca del comercio de telas más próspero de Tebas: el ankh entrelazado con una rueda de hilar que el padre de Neferet había diseñado d&eac







