Los latidos de mi corazón se volvían cada vez más lentos mientras que el aire empezaba a faltarme, como si el oxígeno se negara a llenar mis pulmones.
Bruce miraba a sus padres completamente desconcertado como si hubiesen dicho lo más absurdo de este mundo.
—¿C-cómo que quien es mamá?, Ella es Raquel Davis —le contestó.
—¡Esta señorita no es Raquel Davis! —replicó con enojo la mujer.
Bruce dirigió su mirada hacia mí, y al notar el pánico que sé que había en mis ojos, soltó mi mano.
—Bruce, yo p