ASHER.
No fue solo un rechazo. Fue una lobotomía.
Cuando mi comando Alfa —la magia antigua y profunda en la sangre que se suponía que uniría a toda mi manada a mi voluntad absoluta— se hizo añicos contra la mente de Crystal, me hizo caer físicamente de rodillas en mi propio espacio mental. La atadura se rompió. El poder se disolvió en la niebla.
Me quedé bajo la lluvia helada, con el pecho agitado, mis manos temblando a mis costados. Miré la espalda de la mujer que amaba. No se había inmutado.