Gael.
El frío y estéril ambiente de la unidad de cuidados intensivos neonatales me envolvía mientras mantenía mis ojos fijos en Ian. Su pequeña mano envolvía mi dedo con una fuerza sorprendente, como si estuviera aferrándose a la vida que apenas había comenzado. Mi corazón latía con una mezcla de emociones, desde la alegría de tener a mi hijo en mis brazos hasta la culpa abrumadora por lo que había sucedido.
Ian era el vínculo que unía a Sofía y a mí, un testimonio de nuestro amor en medio de