Capítulo 38. Entre el dolor y la redención.
El grito de Belinda aún resonaba en los oídos de Fabio, como un eco de la culpa que lo carcomía desde dentro, lo hizo retroceder.
Ella lo miraba con una mezcla de furia y angustia, su pecho subiendo y bajando con rapidez, sus labios entreabiertos como si aún intentara procesar lo que estaba ocurriendo.
—Así que eras tú —murmuró, más para sí misma que para él—. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz?
Él levantó la mirada, sus ojos brillantes de lágrimas contenidas.
—Porque no puedo Belind