Capítulo 37. Entre sombras y susurros.
Belinda se mantuvo firme.
Ya no era la niña ingenua que creía en las coincidencias. Había demasiadas señales, demasiados indicios de que alguien estaba cruzando la línea entre lo permitido y lo imposible.
No podía ser solo su imaginación.
No podían ser casualidades, tampoco creía que se tratara de sus padres o de los empleados que trabajaban en la casa.
Los zapatitos, las rosas, las galletas, cada detalle como si alguien estuviera exclusivamente dedicado a colocar esas cosas a la vista para agr