Capítulo 18. Semillas de duda y esperanza.
Belinda no podía dormir, necesitaba hablar con Fabio, se fue al apartamento que compartían y lo esperó con la luz encendida.
Entretanto, Fabio condujo con lentitud, apretó el volante del auto hasta que sus nudillos blanquearon. Observando desde la distancia, vio las ventanas iluminadas del dormitorio de Belinda.
El resplandor cálido que antes lo invitaba a entrar ahora le quemaba la retina. “¿Estará riéndose de mí en este momento?”, pensó, mordiendo el interior de su mejilla hasta sentir el sab