Capítulo 17. Las primeras manipulaciones.
El taller clandestino olía a aceite quemado y mentiras frescas. Ady ajustó la lámpara del escritorio, iluminando la pantalla de su laptop con un brillo siniestro. Las uñas rojas de sus dedos repiquetearon contra el teclado mientras accedía a los registros del Bugatti Chiron de Belinda.
No era fácil hackear el sistema de un auto de lujo, pero ante la guía del hacker a su lado y contactos turbios le habían dado las herramientas necesarias.
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