Capítulo 15. El consuelo de Fabio.
El parque estaba bañado por una luz dorada que se filtraba entre las hojas de los árboles, creando sombras danzantes sobre el sendero.
Los días habían pasado y Fabio sentía que el dolor no mitigaba ni siquiera un poco. Su único consuelo era la compañía de Belinda, quien hacía de todo para tratar de entretenerlo y que no se sumiera en el dolor.
En ese momento, caminaba junto a ella, con su mirada perdida en el horizonte. Era un día tranquilo, con el murmullo de los árboles acompañándolos, pero