Bianca apretó los labios, y tragó su dolor, volteó la cara para secarse las lágrimas, se despidió de Esthela, dejándola en su abismal plantío de flores, y se fue hacia adentro de la casa.
La respiración apurada de aquella mujer, era la muestra del dolor que cargaba con ella, llevaba demasiado peso por dentro. A mitad de camino, estalló en llantos, su cabeza le explotaba del dolor, mientras seguía escuchando las palabras de Esthela en su cabeza “ no voy a permitir que le hagan daño, cuídalo por