**CASPER**
Un cuchicheo asombrado recorrió a los representantes de Zúrich, pero nadie se atrevió a levantar la mano. La autoridad de la académica, sumada al respaldo de mi imperio, no dejaba espacio para la réplica.
Me acerqué al estrado, apoyando mi mano abierta sobre la curvatura firme de su vientre, reclamando la posición de padre y compañero ante los ojos del mundo financiero.
—Lo que mi mujer acaba de decretar es la constante definitiva de esta casa —sentencié con una gravedad tajante—. Y