C42: DEBO TENER TANTOS HIJOS COMO ME SEA POSIBLE.
El Alfa se encontraba profundamente confundido. Le tomó unos segundos comprender lo que estaba ocurriendo y aún más aceptar la situación. ¿Qué hacía África en su habitación? ¿En qué momento había cruzado el umbral de su alcoba sin ser anunciada? La osadía del acto lo descolocó por completo, sobre todo al haber despertado con ella sobre su cuerpo, invadiendo su espacio.
Él reaccionó con brusquedad. Llevó ambas manos a los hombros de África y la apartó con firmeza, obligándola a retroceder para que dejara de besarlo.
—África —pronunció con severidad—, ¿qué significa esta insolencia? ¿Qué estás haciendo en mi alcoba?
Ella no se mostró intimidada. Al contrario, sostuvo su mirada con determinación, como si aquella pregunta le resultara injusta.
—¿Por qué llamas insolencia a esto, Alfa? Soy su esposa.
—Esta es mi alcoba —afirmó—. Tú tienes la tuya.
—Pero yo quiero estar con usted—aseveró—. Deseo dormir a su lado. Hace demasiado tiempo que no compartimos el lecho, que no tenemos intimidad. Y