Asentí, corrí hacia la habitación y me di un baño, poniéndome el collar que me había dado cuando pasé la prueba de la manada. Suspiré, arrodillándome frente a la ventana donde comenzaba la noche y la luna comenzaba a aparecer:
— Diosa, te imploro, protégenos y ayúdanos a traer a salvo a mi sobrino. — Supliqué sintiendo la brisa acariciar mi rostro. — Gracias, Luna.
Suspiré decidida, salí de la habitación, viéndolo también limpio en su forma de lobo, pasando sus pelos por mis manos, me puse a su