Hipidos resonaban en el ambiente oscuro, mientras escalofríos recorrían como un soplo de viento que nos envolvía. Hasta que, en medio del silencio, un sonido cortante llamó nuestra atención.
— Por favor, por favor, no aguanto más… — La voz de Sophie estaba entrecortada, cargada de sufrimiento.
— ¡Por aquí! — Gruñí irritado.
Avanzamos hacia un lugar sumido en sombras de negro y gris, donde la luz era escasa, revelando charcos dispersos por el suelo. Al fondo, un trono se alzaba, ocupado por una