95. Destrucción
Se sintió tan apoteósico sentirlo justo en sus labios, sintiendo como succionaba y hacía de ella nada y a la vez todo. El tiempo sin probarlo se volvió una agonía, pero ya no más. Desesperados, devoraban sus labios y succionaban a profundidad como si nunca antes lo hubiese hecho. El beso fue espléndido, lleno de ansiedad. Angelina soltó el primer gemido en sus labios y con su boca hinchada Giancarlo se separó de ella para bajar hacia su cuello otra vez, buscando el camino hacia sus pechos, come