89. Confesión
El dolor se había disipado. Y el doctor había dicho luego:
—Es hora de que mamá descanse y tenga que chequear al pequeño.
Por lo que, luego de tener todo el cuerpo molido de pies a cabeza tuvo que darlo al doctor con tristeza, pero sólo por unos momentos.
Ava se encargó de ayudarla a cambiar todo del cuarto, y Giancarlo prometió que volvería con el niño luego de que descansara y recibiría las atenciones adecuadas. Es cierto que estaba cansada, pero quería a su hijo de vuelta. Abrazarlo, besar