Capítulo treinta y uno
Imbécil
*Enrico Falconi*
La miro y no lo creo, joder. Es una ninfa seductora, una diosa, una ser mítico tan extraordinario que no parece real. Tanta belleza no puede ser real... Tengo una extraña sensación en el pecho que no se va. No puedo explicarlo ni tampoco hallarle sentido, solo sé que no puedo despegarme de ella y que las míseras veinticuatro horas no son suficientes. Únicamente me han servido para obsesionarme más todavía.
Ahora mismo no consigo dormir. Por má