UN TE AMO PERECEDERO
EDUARD DE AMBER
REY DE VARSOVIA
El auto atravesó los límites de la casa real, y ella en silencio apartó poco a poco su mano de la mía. Ese sencillo gesto no me gusto; pero no podía hacer nada para remediarlo por el momento. No se le impone a una mujer la idea de ser la máxima regente de un país de la noche a la mañana.
Ana Lucía era demasiado desinteresada, desprendida y parecía que no había dinero o poder en el mundo que la pudiera corromper. Eso me gustaba tanto de ella