LA ADHALIA NEGRA
Mi mirada lo estaba poniendo nervioso se le notaba tanto que después de unos segundos pudo bajar la mirada. Rió para bajar la tensión de él.
–Tranquilo ahora espero contar con tu ayuda para aprender a conducir. ¡Juro que no te dejaré entrar si no sé conducir!
Vuelve a recuperar la sonrisa y me dice. –Está bien, juro ayudarte –, abre la puerta y se baja. Enseguida voy detrás de él.
Saliendo del auto Santiago se acerca a mí. –Bueno yo ya me voy
– ¿Ya tan rápido?
–Sí, tengo cosas