HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 59. Otra como tú
HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 59. Otra como tú
El motor del auto rugió cuando Mikhail pisó el acelerador. Konstantine, sentado en el asiento del copiloto, cargaba un arma en silencio mientras miraba la dirección que habían recibido del teléfono de Mera. El ambiente estaba tenso, como un cable a punto de romperse, pero ninguno de los dos parecía demasiado alterado.
—¿No piensas llamar a nadie más? —dijo Mikhail, rompiendo el silencio mientras mantenía la vista fija en la carretera—. No sabemos cuá