No tenía idea de que estaba tramando, pero amaba sus sorpresa.
Se esmeraba demasiado por sorprenderme, por hacerme saber lo mucho que le importaba. Me dejé guiar por él mientras me cubría los ojos y con cada paso que daba me ponía más ansiosa.
Sentí el viento helado chocando contra mi rostro y supe que estábamos en el exterior. Me descubrió los ojos diciendo que ya podía abrirlos y cuando lo hice no entendí muy bien de que se trataba su sorpresa.
Frente a mi había una montaña de nieve, fruncí