Carol
Acaricié mis labios, recordando lo dulce, lo apasionado y lo tierno de los besos que me dio el Sr. Blaze hace unos minutos atrás. Me pellizqué las mejillas, solo para comprobar que no había sido un sueño más, de esos que me inundan de placer por completo en las noches. Pero el exquisito dolor me gritó que no era un sueño; sus besos y sus caricias fueron muy reales, tan re