59. Solos en la habitación
Las gotas de sudor empezaban a correr en la frente de Edgar, el tiempo se estaba acabando Dayana podría llegar en cualquier momento, no le iba a quedar de otra que aceptar las condiciones que Mónica estaba poniendo a cambio de su silencio.
— Más te vale que después de esto mantengas la boca cerrada.
El se acercó al oído de Mónica, su voz fue suave pero amenazadora, ella sonrió satisfecha, echo un vistazo tras sus espaldas y de nuevo dirigió su atención en Edgar.
— Claro te lo prometo, es un t